Asimismo el reino de los cielos es semejante a una red, que echada en el mar, recoge de toda clase de peces; y una vez llena, la sacan a la orilla; y sentados, recogen lo bueno en cestas, y lo malo echan fuera.
Mateo 13:47-48
Esta parábola es similar a la del trigo y la cizaña, en dónde ambas plantas se dejan crecer juntas, Pero en el momento de la cosecha, son separadas; el trigo va al granero; la cizaña al fuego.
Qué podemos destacar en esta parábola? Que el Reino ha venido al mundo sin hacer una separación, de buenos y malos como esperaba el pueblo judío, sino que el Reino actuaría en una sociedad mixta, de buenos y malos. La separación será escatológica; esto es, a futuro, en el final de los tiempos.
Otro elemento a destacar es el tipo de seguidores del Reino, pues este atrajo a publicanos y pecadores, en vez de atraer a los que se consideraban justos, como creyeron los israelitas.
La expectativa que tenía Israel es que vendría un Mesías a manera de un líder político y militar que destruiría inmediatamente a las naciones impías con la palabra de su boca (...), condenaría a los pecadores y reuniría a su pueblo santo al que guiaría en justicia. Nada de esto se dió. La misericordia del Mesías fue más allá. Llegó de manera humilde, no destruyó a nadie y no llamó a justos, sino a pecadores, en vista de que la invitación fue rechazada por los verdaderos invitados, los hijos del Reino -Israel- que hasta la fecha de hoy, están fuera.
El propósito de Jesús, fue dar una oportunidad también a los malos, para ampliar, a largo plazo, una comunidad santa que reinará con Él en el siglo venidero.
El Reino de Dios, entonces, captura peces buenos y malos, esperando la transformación de los malos y el perfeccionamiento de los buenos, a través de la obra del Espíritu Santo en sus vidas.
Definitivamente, la misericordia de Dios es para siempre, y su gracia un favor inmerecido. En cuál de los dos grupos estoy hoy?
¿Cuál es tu opinión al respecto? Déjala en los comentarios.