miércoles, 8 de octubre de 2025

Parábola del tesoro escondido Vs. Parábola de la piedra preciosa -Entre el hallazgo y la búsqueda-


He aquí de nuevo una particularidad del Reino de Dios, basada en Mateo 13: 44-46

"Además, el reino de los cielos es semejante a un tesoro escondido en un campo, el cual un hombre halla, y lo esconde de nuevo; y gozoso por ello va y vende todo lo que tiene, y compra aquel campo".

"También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró".

Una de las dos parábolas hoy mencionadas,  pudiera identificarnos, toda vez que plantean dos situaciones:

1. Nos podemos topar con el Reino de Dios porque es un propósito divino, el atraernos con lazos de amor y misericordia. Nunca de manera accidental, porque en el Señor nada sucede por casualidad o suerte. En este caso podríamos decir que sin nuestro propio esfuerzo, encontramos el Reino, porque Dios mismo se nos manifiesta amorosamente. Este es el caso del tesoro escondido.

2. Nos podemos topar con el Reino de Dios, porque en  circunstancias de desesperación, angustia o vacío existencial, tomamos la iniciativa de encontrar aquello que dé un verdadero sentido a nuestra existencia. Este otro es el caso de la parábola de la perla preciosa que un mercader encuentra cuando la busca minuciosamente.

Ahora bien, ante el valor inestimable de ambos elementos y su apreciación objetiva por parte de los dos personajes, ninguno de los dos, dudan en adquirirlos, cueste lo que cueste, así tengan que vender el resto de sus bienes, porque consideran que eso que tienen que entregar, es un precio muy pequeño,  a cambio de conseguir el Reino y militar en él, a través de su participación y posterior beneficio.

En estas dos parábolas, al igual que en las anteriores, subyase también, la llegada del Reino de una manera misteriosa, porque a diferencia del reino opulento esperado por los dirigentes judíos, con grandes beneficios para ellos, en este caso,  para entrar al Reino, se precisa, muchas veces,  dejar bienes, familia y otras glorias del mundo, así como también, cualquier valor superficial, con el fin de seguir al Mesías, sin manifestaciones externas ni gloria visible, y peor aún, para los judíos, relacionándose con "pecadores y publicanos", con el fin de extenderles a estos, la invitación para entrar al Reino y disfrutar de sus glorias. Idea inadmisible por gran parte del pueblo de Israel.

Nuestro Padre Celestial nos ayude a reconocer el valor ilimitado de su Reino, a estar dispuestos a "vender o dejar" lo que  nos represente superficialidad en este mundo, y a contribuir en la extensión del evangelio, manteniéndo nuestra alma en crecimiento  y santidad hasta la próxima venida del Mesías.


Bendecido día.   amc.

Si te fue de bendición esta enseñanza, por favor deja tu comentario al respecto.

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